lunes, 7 de abril de 2014

El siglo XVIII y el Neoclasicismo

            De acuerdo a la autora Lourdes Franco “el siglo XVIII se distingue fundamentalmente por su afán cientificista y por su espíritu crítico. Durante este siglo se presentan grandes cambios de mentalidad. Los pensadores luchan contra la desigualdad social, contra las monarquías absolutas y la censura religiosa”. [1]

            Las ideas renovadoras nacidas en Inglaterra, se difundieron rápidamente por Europa y a través del enciclopedismo francés llegan a América.
            Durante esta época se da en Europa el fenómeno conocido como el “despotismo ilustrado”.
            El neoclasicismo, es un movimiento que aparece a finales del siglo XVIII y se mantiene hasta los años 1830. Aunque se inicia y desarrolla en el norte de Europa, su presencia se hace notar también en América.
            El neoclasicismo expresa y promueve algunas de las ideas básicas de la revolución francesa: glorifica las grandes virtudes de la antigüedad, acepta el paganismo y agrega la ciencia a la emoción.
            En la literatura mexicana el Neoclasicismo significa un retorno a los clásicos grecolatinos, como modelos a imitar; significa “nuevo clásico”, es decir volver la mirada a las culturas clásicas: Grecia y Roma.
            En este movimiento se da preferencia a la razón, en vez de los sentimientos, se imponen reglas a las que deben ajustarse las obras literarias, como consecuencia, se abandona la producción lírica.
            Se rechaza lo imaginativo y lo fantástico, ya que no se escribe para entretener, sino para educar.
            La literatura mexicana neoclásica tiene un marcado carácter crítico, didáctico y moralizador. Existe un intenso patriotismo, es la expresión de un nuevo pueblo, que persigue los ideales de libertad y dignidad. Se exaltan los valores del campesino indígena.


[1] Franco Bagnouls, Ma. de Lourdes. “Literatura Hispanoamericana”, México, D.F, 2003.  P. 107


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